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jueves, diciembre 3, 2020

Conducción Política III

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En esta tercera entrega, JD Perón se anima a distinguir el concepto de gobierno y el de conducción. Conducción es lucha. Gobernar es construir. Las mitades que se desean conseguir y ceder. La evolución en el tiempo de la conducción. Qué es la conducción primaria. Diferencias con el caudillo. La cuestión del sectarismo.

LUCHA Y CONSTRUCCIÓN;

 Conducción y gobierno

Para terminar, les diré cuál es la fórmula que la experiencia de tantos años de lucha y de trabajo me ha dicho que es la fundamental en la conducción y en el gobierno, dos artes bastante diferentes una de otra.

La conducción es la lucha y el gobierno es construcción; pero en los dos prevalece esta misma regla, que ha de ser imperturbable, sobre todo cuando los hombres llegan a tener un gran poder y una gran autoridad.

Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error.

En el gobierno, para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que uno quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren.

Hay que tener la habilidad para que el cincuenta por ciento que le toque a uno sea lo fundamental. Los que son siempre amigos de hacer su voluntad terminan por no hacerla en manera alguna. Ustedes han de haber visto esto entre los mismos compañeros.

Hay algunos voluntariosos, que siempre quieren imponer su voluntad, que nunca transigen con los otros. Si trabajan en su circunscripción, todo ha de ser para ellos. Esos son peligrosos, nunca llegan lejos y se matan solos en el camino. No han sido capaces de desprenderse de ese cincuenta por ciento, e ignoran que en política, como en todo, “el que mucho abarca poco aprieta”.

En las próximas clases trataremos las características de la conducción moderna, vale decir: un ligero análisis de los antiguos y de los nuevos métodos; cómo nosotros utilizamos los medios nuevos para una nueva conducción, y por qué hemos revolucionado la conducción política en el país. Nosotros no solamente hemos hecho una revolución en el orden social y económico, sino también en el orden político, revolución que es mucho más propaganda que lo que muchos se imaginan, y que es lo que quiero poner en evidencia en la próxima clase.

(…)

Perón asume su primera presidencia en junio de 1946 (imagen: captura de TV9

Tiempo y espacio en la conducción política

Vamos a tratar de las características de la conducción moderna. Una de las primeras cosas que la conducción, como la historia, necesita tener es un encuadramiento perfecto de tiempo y lugar. La conducción ha evolucionado con la evolución del hombre, con la evolución de las ciencias y con la evolución de las artes. Cada nuevo descubrimiento altera y modifica la conducción. Por esa razón, para poder comprender la conducción, es necesario ubicarse en las condiciones de tiempo y de lugar. De tiempo, por la evolución; de lugar, por las características de esa misma conducción en el ambiente propio. No se conduce lo mismo a los argentinos que a los suecos o a los noruegos o a los japoneses. Hay también en eso un don de ubicuidad de la conducción sin el cual uno fracasa irremisiblemente.

Es decir que, en esto, como no hay métodos, tampoco hay sistemas ni recetas para conducir, contando con que la conducción es trabajo con elementos humanos antes que ninguna otra cosa, y los elementos humanos tienen sus características propias que se relacionan con el tiempo, con su evolución, o con el lugar, con la Modalidad propia de los pueblos.

Dos épocas

En esto podríamos considerar, a título de ejemplo, para poder certificar, dos épocas y dos conducciones. La antigua conducción política argentina, que muchos de ustedes conocen tan bien o mejor que yo. Era la forma primaria de la conducción, o sea la conducción basada en el sentido gregario, natural al hombre de nuestro país. Era una forma de caudillismo de caciquismo; hombres que iban detrás de otros hombres, no detrás de una causa. Nadie preguntaba al conductor, fuera éste el conductor de todo o el conductor de las partes, cuál era su programa, qué era lo que quería realizar. Le ponían un rótulo o era don Juan, don Pedro o don Diego, y detrás de él seguía la masa. Era el sentido más primario, de la conducción política. Esto era una cosa explicable por dos causas fundamentales. Primero, por la falta de cultura cívica en que el pueblo argentino había estado sumido durante tantos años; y también por falta de cultura general. En los pueblos evolucionados eso viene naturalmente cuando el hombre deja de sentirse un espectador y pasa a tomar parte en el espectáculo como actor. Entonces él necesita saber algo más, y no solamente va detrás de un hombre, sino detrás de una idea o de una causa que quiere conocer, que quiere penetrar, y entonces, racionalmente, va detrás de esa causa porque la comprende, la comparte y la siente.

Al asumir, Perón ya tenía claras sus ideas de conducción política y gobernar. (imagen Captura TV)

Conducción primaria

Como consecuencia de que el contacto de las masas era directo con los caudillos de segundo orden y de que éstos eran los intermediarios entre la masa y la conducción superior (fuese ésta hombre o partido), no se podía, por razones de medios, realizar una conducción más o menos centralizada. Había que confiar en los caudillos de segundo orden, porque ¿cómo podía el caudillo total llegar hasta la masa misma? No eran hombres para adoctrinar masas o bien no les convenía llegar con su palabra a la masa. Por otra parte, ellos no querían de la masa el apoyo sentimental, sino el apoyo electoral, con el cual se conformaban. En consecuencia, y como no existía entonces la radiotelefonía y aun después, cuando existió, ellos no quisieron ponerse en contacto directo con la masa por ese medio que les brindaba la ciencia y permanecían aislados de la masa.

El caudillo

¿Por qué? Porque el caudillo no era un adoctrinador, ni un maestro, ni un conductor. Prefirió, pues, substraerse del contacto con la masa. Y decía más: “No hay que meterse mucho. Se gasta uno…” 35 Eso es cierto, es de la época. Cuando yo era subteniente, había un capitán en mi compañía, de esos capitanes viejos, que decía lo mismo: “No hay que ir mucho a la compañía porque los subalternos pierden el respeto”. ¡Es claro! Como era ignorante y bruto, en cuanto lo conocían, le perdían el respeto. Estando alejado, no lo conocían y estaban siempre en duda sobre su valor, inteligencia y capacidad. Lo mismo era el caudillo político. Eludía el contacto con el pueblo porque no le favorecía, porque carecía de las cualidades que debía tener para conducir. Es decir, que su resolución de no establecer contacto era sabia en cierta medida. Pero el pueblo, a la larga, tenía que conocer la verdad, porque las verdades, se pueden ocultar por poco tiempo.

(…)

El sectarismo político

Esto es lo que podríamos llamar una de las deformaciones de la conducción política: el sectarismo. Con sectarismo no hay conducción. El sectarismo es el primer enemigo de la conducción, porque la conducción es de sentido universalista, es amplia, y donde hay sectarismo se muere porque la conducción no tiene suficiente oxígeno para poder vivir. No se pueden conducir los elementos sectarios.

 ¿Por qué? Porque cuando llega el momento en que la conducción debe echar mano a un recurso extraordinario, el sectario dice: “No; ¡ésa es una herejía para el sectario!”

Entonces, los métodos y los recursos de lucha se reducen a un sector tan pequeño que presentan una enorme debilidad frente a otros más hábiles que utilizan todos los recursos que la situación les ofrece para la conducción. Por eso el sectarismo es la tumba de la conducción en el campo político.

Algunos de los conceptos de JD Perón que fueron captados en los años 70 refuerzan lo antedicho.

“Conducir es distinto de mandar”. Perón era muy buen orador.
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