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jueves, enero 21, 2021

Pica Pau, el artesano de la madera que vino de Panambí

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Pica Pau, el artesano de la madera que vino de Panambí

Empezó en 2012 y nunca dejó de trabajar. Recibió un empujón de alguien que ni conocía. Y, hoy con las maderas de Misiones (las nativas y las implantadas) se anima a realizar las artesanías que vende. La historia de Guillermo Díaz, el Pica Pau de Panambí

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La historia del hombre que le saca formas a la madera misionera. Guillermo Díaz le puso un nombre muy típico de la región. Es el Pica Pau. Y sus artesanías siguen creciendo. Aun en un año de dificultades, nunca dejó de trabajar. Aquí su historia, sus amigos y sus influencias.

Un acordeón en la madera. El trabajo fino y delicado que destaca al artesano (foto: Guillermo Díaz)

Trabajó mucho tiempo para otros. El último era un buen trabajo: una fábrica de ladrillos cerámicos. Y hacía diez años que estaba ahí pero, de un día para otro, dijo: “bueno, basta, probemos con esto que es hacer lo que me gusta”.

Y se largó. Eso fue allá por 2012.

Desde hace ocho años desde Oberá, Guillermo Díaz, el hombre que modela la madera con el diseño creativo, con la fantasía del artesano y con las máquinas de la tecnología va produciendo sus pequeñas grandes maravillas.

Majestuoso como en el río. Los dorados hechos en madera de Misiones son destacables en grapia (Foto: Gmo Díaz)

Ahí está, listo. Recién terminado un cuadro con el rostro de quien fuera uno de los más importantes empresarios yerbateros de Misiones.

“No podemos mostrar aún porque es un trabajo particular y de encargo”, aclara. Pero, enseguida averigua: “¿Qué te parece? ¿Está bien?”

Y el interlocutor sabe que está muy bien realizado. Que habrá satisfacción en quienes le encomendaron la tarea de sacar formas a la materia.

Si no hay dorado, un pacú también puede ser realizado en incienso. (Foto: Guillermo Díaz)

Sí, en Italia lo que sobran son montañas y en muchas de ellas (en especial, en Carrara) lo que se ve son agujeros blancos en las cimas. “Es el mármol que se sigue usando como hace cientos de años para todo tipo de obra tanto de construcción como artística”, aclaran cuando uno pasa por allá.

En Misiones, no hay mármol.

Pero hay madera. Y Guillermo Díaz, alias el Pica Pau lo sabe.

El nombre no es casualidad. Es un regionalismo, una palabra de origen portugués muy usada para describir al pájaro carpintero.

Y así se considera Guillermo.

Una fuente para servir el asado recién hecho. Buena idea. (Foto: Gmo Díaz)

“Uso varias maderas nativas. Cañafistula, anchico, loro variedades de Canelas, cedro, cancharana, lapacho, insienso, guayuvira y las que me puedo rebuscar”, enumera.

Y no se queda ahí. Tampoco le hace asco a las implantadas. “También uso Eucaliptus colorado, paraíso, oveña, kiri, gravilea”.

Acompañado por sus hijos Hugo y Daniel que están aprendiendo el oficio de tallar la madera, ahí va el Pica Pau misionero con sus trabajos.

“Llegamos a Posadas, gracias a un señor dueño de una pescadería por la avenida Rademacher. Ahí entregamos las bandejas y, por suerte, la demanda no decae y para estas fiestas tenemos una serie de pedidos y productos para entregar”, agrega Guillermo.

“Esta fue una obra realizada para una iglesia del Brasil” (Foto: Guillermo Díaz)

Como el cronista es oriundo de Eldorado, la comunicación pasa un rato por allá, en la localidad del Norte misionero. “Estuve en 1977 y jugué en Sportivo en su famosa cancha del kilómetro 6. Estaban “Pájaro” González, los Dávalos, Eusebio Monges. El presidente de la institución en ese entonces era don Hermann Wendnagel, muy conocido contador y docente de la localidad”.

Modificar el rumbo

¿Y cómo llega el momento de cambio?, intenta averiguar el cronista

Se toma un tiempo y reflexiona. “Comienzos del año 2012. Me contacta un señor de Buenos Aires, por correo electrónico. Y me pide unas bandejas. En marzo hago seis bandejas con martillo y formón. Y se las envío. Él recibe las mismas y me llama por teléfono para felicitarme y me pregunta cómo hice. Tras contarle la forma, quiso saber cuántas hacía por día. Y le dije que una. ‘No me sirve, ni a mí, ni a vos. Tenés que hacer mínimo tres por día. A los pocos días, me envió siete máquinas manuales: amoladora, sierra caladora, sierra circular, cepillo eléctrico, tupí, y lijadora de banda”.

Al incorporar maquinarias y tecnología pudo diversificar y aumentar su producción (Foto: Gmo Díaz).

Y ahí arrancó todo. A full. Con mucho trabajo y muchos pedidos.

Pero cómo llegó a formarse, cómo surgió esa inclinación por la artesanía.

“Bueno, estudié en la Facultad de Artes de Oberá dos años. Dibujo y pinturs. Trabajé unos años con el Maestro y escultor Eduardo Sánchez. Él también fue mi maestro de primaria en Puerto Panambí”, va desbrozando memoria y recuerdos.

A plena tarea

Una bandeja con forma de pescado (dorado o pacú son muy atractivas, en verdad) le lleva entre dos y tres horas. Tal como quería su impulsor de Buenos Aires: entre dos y tres unidades por día.

“Los modelos son todos creación propia. Por supuesto, miro muchos trabajos de artesanos, en los distintos encuentros o ferias y saco ideas sin copiar estrictamente. Hay que tener en cuenta que ninguna madera es igual, inclusive del mismo árbol salen distintas formas”.

Es inevitable.

En los quinchos, estas piezas de madera quedan muy bien, dice Guillermo (Foto Gmo Díaz)

Muchos pueden entender que se trata de una nota para difundir las actividades creativas y artísticas de alguien. Que así logra desarrollarse como persona. Pero algunos se enojarán y dirán: “Pero, ¿cómo y no preguntaste los precios?”

-Sí, es fácil. Los precios van desde $1500 a 3500 pesos. Dependen del tamaño y de la madera.

Queda contestada la cuestión material-económica.

Sigamos con la historia de vida.

Cómo sigue la cosa

Han pasado ocho años. “Todo lo hice solo y de a poco. Hoy somos cuatro. Mis dos hijos y un secretario. Estamos trabajando en dos lugares. Tengo un atelier en Oberá donde estoy yo y ellos están en Santa Rita ya que en los aserraderos de la zona se consiguen las maderas de forma más barata. Puedo decir que el año de la pandemia salimos fortalecidos: no dejamos de trabajar un solo día. Se abrieron puertas y hay nuevos clientes”.

Hasta La última cena… A todo se anima Guillermo Díaz.

Solo, apenas, queda una pequeña duda.

“¿Qué pasó con el señor de Buenos Aires?”, se anima el cronista.

Y sorprende. “Y, la verdad es que no sigo en contacto con él. Porque ¡se fue a vivir a Estados Unidos! Estaba en Buenos Aires por una cuestión médica. Pero como tiene dos hijos allá, rumbeó para esos lados. Él sigue en la misma. Trabaja hace 30 años haciendo o comprando artesanías. Pasa que compraba maderas de África y Amazonas (se ve que era una cuestión de economía). Pero era mucho lo que pedía y la calidad súper exigente: no podían ir maderas con algunas fallitas o marcas (de polilla)”.

En el final, con amigos

Bombo y guitarra: Eduardo Sánchez, Omar Olson, Jorge Fuchs, Oscar Herrera Ahuad, Díaz, Rosendo Fuchs y Juan Díaz

Y cuando termina la nota, muestra orgulloso otra faceta. “Sí, son amigos. En mi pueblo Panambí. Estamos con el gobernador Oscar Herrera Ahuad”. Ahí aparecen en la foto y los va nombrando: “Está el maestro Eduardo Sánchez con el bombo, el diputado Omar Olson, Jorge Fuchs que es hermano del intendente, el Gobernador, Guillermo, Rosendo Fuchs el intendente y luego Juan Carlos Díaz, hermano de Guillermo oriundo de Reconquista Santa Fe. Lo de guitarreros nos enseñó el maestro entrerriano Eduardo Sánchez”.

Ahí va Guillermo Díaz, el Pica Pau, con sus trabajos, con su orgullo de la tarea bien realizada, con sus amigos y con la sensación que estos 63 años están bien vividos y como decía el personaje de la película: “La p… que vale la pena estar vivos”

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