23.2 C
Posadas
miércoles, enero 27, 2021

Galia y José una historia de amor de dos mundos

Mas Leidas

Llegó a Misiones el engaño virtual que desactiva las cuentas de Whatsapp y roba información privada

Un simple SMS es el puntapié inicial para “pescar” incautos a los que se les roba toda la información en su red...

El increíble fenómeno de la banda RP2000

Hace varias décadas que hacen música, la escriben, cantan, bailan y registran. Tienen su propia grabadora

Pica Pau, el artesano de la madera que vino de Panambí

Empezó en 2012 y nunca dejó de trabajar. Recibió un empujón de alguien que ni conocía. Y, hoy con las maderas de Misiones (las nativas y las implantadas) se anima a realizar las artesanías que vende. La historia de Guillermo Díaz, el Pica Pau de Panambí

El largo adiós de María Helena

Única e inolvidable. María Helena Kalasakis era de provincia de Buenos Aires pero fue en Misiones donde su voz adquirió un vuelo universal. Medio siglo después de su partida, los que la amaron en ese entonces lo siguen haciendo hoy con los recuerdos en la mano. Informe de TV para leer, escuchar, ver y gozar

El segundo relato de José González (el paraguayo que vivió cinco años en la vieja Unión Soviética) hace referencia a su amor de juventud. Galia fue ese amor y el resultado fue Victoria, la hija en común. Un breve repaso de lo ocurrido y el sentido relato de José

Galia y José (primera y tercero desde la izq) en la calle con el resto de estudiantes. Ella enseñaba (Foto: José González)

José González vivió el fin de su adolescencia escapando de las huestes de Stroessner en Paraguay por el único pecado de militar en el partido Febrerista. Con su madre detenida, debió recurrir a la embajada mexicana y con un salvoconducto, partió rumbo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la vieja URSS). Y allá se quedó.

Allí moró durante cinco años, donde aprendió costumbres, convivió con gentes sencillas como las que tenía acá en esta región del mundo, aprendió el idioma, apreció sus comidas, pudo estudiar veterinaria como era su sueño y, también, conoció el amor.

Sobre estas líneas: Primera parte de la historia de José: para leerla, hacer click sobre la imagen

Galia fue ese amor inolvidable de una muchacha que tenía aire bondadoso y mirada noble. Su nombre completo era Galina Victorovna Shevchenko

Muchacha rusa pensativa. Como en un cuadro o en una pintura, Galia es capturada por la cámara (Foto JG)

Y en los cinco años en que resultó su estancia por aquellas feraces tierras (Rusia, aún desmembrado tras la caída de la URSS, continúa siendo el país más grande del mundo en superficie), pudo ser muchas cosas y probarse a sí mismo.

Pero también quedó Victoria, nacida apenas unos pocos meses antes de su partida (a mediados de 1981) de retorno a estas tierras (porque así era el acuerdo de estancia).

Vica, el sobrenombre de Victoria, la hija de Galia y José (foto: JG)

Tardó 27 años y en 2007, Galia y Victoria (Vica, para todos) viajan y la muchacha puede conocer al padre.

Pocos años después, se desata un cáncer en Galia y la actual esposa de José le sugiere que vaya a estar con ella.

Galia (bien a la derecha) con sus alumnas a las que enseñaba castellano. Y el “profesor” José a la izq (Foto JG)

El hombre viaja, consigue un trabajo de inspector de carnes argentinas que eran exportadas a Rusia y puede acompañar a su antigua pareja y madre de su primera hija en sus últimos instantes de vida.

“Puedo decir que estoy bien porque estuve allá cuando más me necesitó”, reflexionaba González hoy desde Encarnación donde vive.

Este es el relato de José al momento de la despedida de su amor juvenil

Galia

La muerte es algo impredecible y también inevitable. Todo el mundo se muere cuando le llega la hora, no antes ni después. Sin embargo, hay gente que fallece, y no precisamente por accidente, sino en circunstancias inusitadas, sorpresivas, cuando nada parece presagiar el final.
Así ocurrió con Galia, quien no era una deidad perfecta, ni la princesa resbalada de un cuento de hadas. Pero tenía tantas virtudes que bien podía comparársele con una diosa terrenal, de esas que hechizan a cualquiera.

Antes de conocerla, en el otoño del 78, era como si yo estuviese en las sombras, pero ella me sacó a la luz. Simplemente apareció en mi vida y me marcó para siempre, convirtiéndose desde entonces en una de las personas más entrañables de mi corazón, a la que mejor comprendía y más amaba; fue su desinteresado amor a la gente lo que me enriqueció, llenándome de gozo y alegría hasta que, tres años más tarde, cuando apenas había nacido nuestra hija Victoria tuve que regresar a Sudamérica. Galia nunca volvió a formar pareja.
Esa mujer que partió a la sobrevida el 28 de julio de 2008, en mi presencia, a las cuatro de la tarde, perfectamente hubiera podido, como dicen, “creerse cosas”. Y, sin embargo, jamás le subió un humillo de vanagloria a la cabeza, ni miró por encima del hombro a un semejante, ni se ahogó en el mar de tiempo que implicaban sus responsabilidades como decana de la facultad de lenguas extranjeras en la Universidad Estatal de la ciudad de Armavir, al sur de Rusia.
La necesidad de otras flores como ella me punza ahora cuando compruebo que voy quedando sin esos ángeles de la vida, como mi hermano Rubén… Mi hermana Rosa… Mi hermana Olga, tan suave y cariñosa.
¿Cómo es posible que Galia, abrumada de trabajo, siempre tuviera tiempo para todos? ¿Y cómo es posible que no perdiera el ánimo sabiendo que a poco se extinguiría por el cáncer que la aquejaba? Después de su deceso, cuando aún me hallaba en Rusia, pasé días inventando encuentros con esa mujer a la que sé, no veré más. Es lo único que se puede hacer ante una despedida que fue real y redonda como un sol.

Su postrera reflexión reflejaba lo que más la preocupaba; nuestra hija Victoria. Con su inmenso poder persuasivo decía en una de sus últimas cartas: “Ya queda muy poco tiempo antes que me vaya de este mundo y por eso, mientras puedo, te escribo. Dentro mío hay un huracán de sentimientos a los que estoy tratando de ahogar y no ser tan sentimental, pero no puedo y temo. Nunca he podido controlarlos”.

“Siento una alegría interna y escondida que está alumbrando todo lo que estoy haciendo y en tanto me sea posible, lo hago con mucho gusto y buen humor. El mundo parece que me está mostrando su lado más benévolo y agradable”.

“Mi eterno querido, mi dolor y amor de siempre: quiero decirte que me complace mucho tus cartas pues dentro de lo que escribes se ve tu buen gusto de ser un padre verdadero para Vica y eso me llena de orgullo, pues has conseguido realizar un enorme esfuerzo hasta convertirte en un ser querido para nuestra hija (y Volodia, respectivamente)”.

Siempre en el corazón de los que la conocieron. Galia tiene su relato hecho por José González.

“Te quiero mucho y te agradezco las cartas, muy sinceras y un poco tristes, pero optimistas. Soy tu amiga, pero mucho más la mujer que te adora. Besos. Galia”.

Estoy seguro que el dolor de quien amó es inexorablemente distinto de cualquier otro. Logró realizar una proeza grandiosa para mí. El haber viajado desde Rusia a Buenos Aires con Victoria, nuestra hija, en abril del 2007, a quien volví a estrechar después de 27 años, y lo hizo como una tarea impostergable. Más tarde supe por qué tenía tanta prisa.

José González

- Publicidad -

4 COMENTARIOS

  1. Muy buena nota y mis felicitaciones por sacar a la luz estas historias, que son historias de la gente y van por fuera de las “agendas” de los medios hegemónicos… Agradecería contacto de José González… Abrazo grande…

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimas Noticias

Ingrid: Confesiones de verano

Ingrid Grudke levantó vuelo una vez y nunca dejó de volar. Es la obereña que empezó como reina del Inmigrante. Se versatilidad le ha permitido moverse en el mundo del modelaje así como en el cine, el teatro, la televisión, la presentación de eventos. Una vida intensa que la ha tornado la más famosa de Misiones

Una muestra artística en el Multicultural de la Costanera pone foco en el agua

Irina Waniukiewicz (o Irina Wan) expone trabajos vinculados al agua, tema que la apasiona desde siempre. El año pasado ganó el concurso municipal sobre dicha temática y ahora el público podrá apreciarlo en el espacio Multicultural de la Costanera

Una epidemióloga brasileña luchó contra el coronavirus, pero su propio padre la desobedeció y falleció

Ella predicaba en el desierto. Advertía de los riesgos sobre la enfermedad que afectaba al mundo. Vive en Florianópolis y su padre no la escuchaba. Un día, él se enfermó y ella nada pudo hacer. El padre había escuchado los mensajes de Whatsapp y había seguido su vida normal. Hasta que enfermó y terminó falleciendo.

Llegó a Misiones el engaño virtual que desactiva las cuentas de Whatsapp y roba información privada

Un simple SMS es el puntapié inicial para “pescar” incautos a los que se les roba toda la información en su red...

La Estudiantina posadeña ya tiene quién la recuerde

Durante siete décadas, Posadas puso a los estudiantes secundarios en un rol muy significativo: se encargan -con apoyo docente- de hacer una fiesta única. La Estudiantina que los obliga (junto a sus familiares) a estudiar, trabajar, construir, diseñar, cantar, bailar, ejecutar y varias actividades más. Esos 70 años quedaron plasmados en un informe que ya está disponible. Bienvenido sea.